viernes, 16 de enero de 2015

Fin de una etapa: Adiós al chupete


En el último post, coincidiendo con el Miércoles Mudo, puse una foto que marca el fin de una dulce etapa.

Demamis: Adiós Chupete


En diciembre mi peque-mayor dejó el chupete, y ¡sin complicaciones! Yo tenía mucho miedo, había oído muchas historias, y me daba pánico que las noches se me complicaran aún más.

El 6 de diciembre cumplió 3 añitos, así que coincidiendo con la llegada a casa del Tió le expliqué que si se lo daba, éste le dejaría más cositas. Explicación mágica, después de cebarlo con mandarinas (no os podéis imaginar cuántas nos hemos comido su padre y yo a escondidas), me dijo que le iba a dar su querido Pepe como él lo llamaba).

Para las que no sepáis que es el Tió de Nadal, os diré que es una tradición muy arraigada en Catalunya. El 8 de diciembre llega el Tió, un tronco que suele llevar barretina y una carita dibujada. Hay que taparlo con un mantita, y darle de comer. Y el 24 de diciembre por la noche los niños le pegan con un bastón mientras cantan una canción (existen varias versiones), y éste “caga” regalitos. Suelen ser caramelos, juguetitos pequeños, libros… Los niños durante este tiempo son los responsables de cuidarlo.

Pues bien, el 22 decidió que era el día. Él no sabe lo importante que ha sido este gran paso. Han sido 3 años junto a su pepe. Recuerdo perfectamente como en su primer día de vida mi madre le ofreció el chupete, él sin pensárselo abrió la boquita y empezó a succionar. Hay quién dice que no es bueno dárselo tan pronto porque pueden tener problemas para cogerse al pecho. En su caso, fue mano de santo. Mamó durante 6 meses de maravilla, y cuando estaba inquieto, su chupete siempre estaba allí, para calmarlo. De ahí mi miedo.

Los niños son increíbles. Sólo en dos ocasiones mientras se dormía me comentó “mami, mañana compramos un chupete, ¿vale?”. Imagino que el hecho de ser un acto voluntario, sin presiones ha hecho que el niño sepa que él es el responsable de haberlo dejado, y que una vez se lo “comió” el Tió     se acabó su chupete.

También le habrá ayudado ver que su hermano pequeño no lleva chupete. Nunca lo ha querido, y os puedo asegurar que el segundo es mucho más demandante. Peque-mayor dejó el pecho voluntariamente a los 6 meses, peque-peque tiene 14 meses y no parece muy interesado en dejarlo (tampoco le gustan los biberones, antes prefiere un buen trozo de fuet).

Así que ya veis, algo que podría haber sido traumático, ha sido tranquilo y sin problemas. Y es que, como dice él “mamá, soy muy mayor”.

Y vuestros hijos, ¿cómo dejaron su querido chupete?


Un abrazo

miércoles, 14 de enero de 2015

Miércoles Mudo - Adiós Chupete

lunes, 12 de enero de 2015

Nunca digas "Yo no lo haré"

En mi tercer año como madre, una cosa tengo clara: no decir nunca "yo no lo haré".

Igual alguna ya sabe por donde voy. Antes de ser madre era muy pragmática. Esto es así y punto. Estudié Psicología y a lo largo de la carrera se trataron varias asignaturas sobre aprendizaje, desarrollo, etc. Y acabé con conclusiones, con afinidades a corrientes de un tipo o de otro (que ahora no trataré para no aburrir). La cuestión es que lo tenía bastante claro.

Cuando me quedé embarazada muchos años después, volví a estar interesada por temas relacionados con el embarazo, la lactancia, el desarrollo. Leí bastante, no diré que mucho, pero suficiente. Con el tiempo fui dejando ese afán por obtener información, falta de tiempo básicamente.

Ahora con un niño de 3 años recién cumplidos y un bebote de casi 15 meses hago lo que puedo y como puedo. Intento seguir un criterio, el mio. Saco conclusiones de lo que recuerdo, de lo que leo, y las cosas salen como salen. He de deciros que leer a mamis blogueras, ya sean sus post o sus comentarios (que agradezco enormemente) me ayuda y reconforta muchísimo, garcias chicas!




A lo que iba, hay ratos (que a veces se hacen eternos) que son terroríficos. Las dichosas pataletas o rabietas, no puedo con ellas. La teoría es muy fácil, y estamos cansados de ver programas en la tele que dicen cómo actuar. Pero hay días que te levantas llena de energía, con ganas de que se despierten para achucharlos, y el día empieza con un gruñido y un "no quiero ir al cole". Intentas sacarle hierro al asunto, le das besitos y caricias y te responden con indiferencia (en el mejor de los casos) o con un zarpazo. Bueno, paciencia...será una mañana complicada. Consigues sacarlo de la cama, y sigue con "no quiero ir al cole", venga ahora a desayunar, "que no quiero ir al coleeee", consigues que desayune sin manchar en exceso. Y empieza la fiesta, toca que se vista (siempre lo hago después de desayunar, para evitar manchas inesperadas). Sigue con su canción, y tú tranquila, hablando pausada, con palabras cariñosas. Bien, no funciona, pues lo dejo que llore y ya se le pasará. Yo a lo mio. El pequeñín está ahí, embobado mirando a su hermano, pensando que se ha perdido algo de la historia. Bueno, ya han pasado 20 minutos, ahora sí que llegamos tarde al cole. Vas perdiendo los nervios, al final lo coges, placaje y a vestirle. Ya está, ya he fracasado, empiezan los gritos.

Y es que no era mi intención. Pero qué haces, pruebas por aquí, pruebas por allá, y que no hay manera...qué carácter tiene el niño! Al final llegas al cole, de mal humor, lo dejas, se tira al suelo y empezamos de nuevo, y te sientes fatal. Soy lo que no quiero ser una madre con los nervios a flor de piel y un niño malcriado. Y cuando salgo del cole pienso, madre mía, los papás y mamás que me han visto habrán pensado que soy una histérica, que lo hago fatal. Y te sientes mal por no haber tratado a tu retoño de forma amorosa, y volverías a la clase para achucharlo... 

Y es que la realidad nunca es igual, y tratamos con personas. Todos tenemos días malos, y ellos están en la fase de buscar límites, ponernos a prueba, definir su carácter....todo eso está muy bien, pero hay días que cuestan.

Y luego están los comentarios tipo, "si no lo controlas ahora vigila que en la adolescencia es peor", o " es que le contemplas demasiado", o "no le dejes elegir tanto".

Menuda mañanita, ahora incluso me puedo reír ,pero en el momento me hubiera puesto a llorar.

¿Os pasa a vosotras?

Un abrazo


Ya estoy aquí



¡Hola! Menudo parón, y eso que me moría de ganas de retomar el blog. Seguro que más de uno y una me entiende. Las vacaciones de Navidad con niños son muy especiales, a mi me encantan. Este año las he disfrutado mucho. Lo más especial ha sido dedicarles tiempo, jugar con ellos, cantar, pasear...
Así que entenderéis el parón. 

Admiro a l@s bloggers que habéis seguido publicando, ¿de dónde sacáis tiempo? o mejor dicho ¿energía?

Ya estoy aquí, feliz de poderos saludar.

Un abrazo