jueves, 5 de marzo de 2015

Mi hijo juega con muñecos

Estoy algo indignada, bueno y sorprendida también. No logro entender qué le pasa a nuestra sociedad. Mucho defender la igualdad, y aún queda gente que se extraña cuando ve a un niño empujando un cochecito de muñecos por la calle.

No tengo hijas, tengo dos niños, y desde bien pequeños no hago distinción de juguetes ni colores. Dejo que los intereses fluyan sin condicionar. En casa no sé cuántos coches, motos, camiones, trenes y grúas hay… a montones! Pero mis hijos también tienen un carrito con su escoba, su mocho, recogedor y cubo, su cocinita (que por cierto, les encanta a los dos), sus muñecos y muñecas… 

Demamis, Niño jugando con muñecos


¿Y qué hay de malo? Nada, para mí sólo hay factores buenos:
  •        Juegan imitando a papá y mamá
  •      Aprenden a respetar todas y cada una de las tareas de casa, sin hacer desprecio a ninguna
  •        Despiertan el interés por las cosas que les rodean
  •       Con sus muñecos aprenden a mostrar cariño, a exteriorizarlo (hay quién no sabe hacerlo porque nunca se lo han enseñado).
  •        Aprenden a no tener prejuicios
  •        Aprenden a sociabilizar
  •    ...

Obviamente, ellos tienen sus preferencias, y eso está muy bien, hemos de fomentar que tengan criterio, pero hay que darles alternativas. No comparto eso de “esto es de niñas/niños”.

Demamis, niña jugando con camión


El otro día fui a recoger a mi peque mayor al cole, tal y como habíamos quedado le llevé su cochecito de muñecas y una de ellas. Un papá que me vio en la puerta me dijo, “ Pero como, eso no será para tu hijo, verdad?” me quedé un poco fuera de juego porque no me esperaba esa pregunta. Segundos después le dije “ Claro que es para él, ¿para quién sino?” se quedó con una cara digna de ver, me dijo que él a su hijo le dice que eso son cosas de niñas, y pasó de largo. He de confesar que me molestó.

Cada cual que eduque a su hijo como quiera o sepa, pero creo que así no vamos a ninguna parte. El día de mañana nuestros hijos han de ser autosuficientes, han de estar preparados para todo, han de respetar…y nosotros les hemos de equipar de todo lo necesario para ello, y no me refiero a cosas materiales, ya me entendéis, principios y valores. Nuestros maridos han evolucionado más que sus padres, pero aún quedan muchos prejuicios, y los padres y madres tenemos la obligación de ayudarles a crecer y a estar preparados para el día de mañana.

AH! Y luego está el que cree que así se condiciona su sexualidad. Vamos hombre! Primero, mi hijo será como él sea. Segundo, su sexualidad será cosa suya y de nadie más.

Ala! Ahí lo dejo. Es que necesitaba expresarme…hay cosas que no puedo. Espero no haber molestado a nadie, si es así lo siento, no era mi intención.


Un abrazo

miércoles, 4 de marzo de 2015

Miércoles Mudo - Momentos Dulces

Demamis, Momentos Dulces

martes, 3 de marzo de 2015

Mamá puede ponerse enferma

La semana pasada caí. La gripe me dejó algo afectada. Es curioso, desde que soy madre pocas veces he enfermado. Los virus me rozan, nada dramático, un poquito de dolor de garganta, algún resfriado, malestar general… cosas sin importancia. Eso sí, cada 3 meses aprox. tengo fiebre durante unas horas, duermo y como nueva. 

Desde que soy madre hay un antes y un después, antes me cuidaba la dieta, ahora como lo que puedo y cuando puedo; antes hacía deporte, ahora no paro, pero precisamente deporte no es, aunque me mantiene en forma. Y sin embargo, no me pongo mala y no engordo!!

Yo creo que el tema es que no me permito caer. Necesito estar al 100% cada día, he de llevar a los niños a guarde y cole, los he de ir a buscar, recoger juguetes y más juguetes, limpiar, cocinar, etc…y estudiar, preparar mi proyecto, encontrar un rato para el blog… Vamos, lo de casi todas. Y creo que es por esto que no caigo. Cuerpo y mente están en conexión, y mi cabeza no le permite a mi cuerpo caer. Pero mira, a veces por más que una quiera no lo puedes evitar.



Soy de ese tipo de mujeres que me cuesta delegar. Todo lo quiero hacer yo…¿por si acaso? Tal vez. Uno de mis defectos es que soy exigente, y lo quiero todo perfecto. Esto hace que muchas veces yo esté enfadada conmigo misma porque no lo tengo todo como me gustaría, y por otro lado, no permito que nadie me ayude porque no lo hacen como yo quiero. Resultado, que a veces estoy agotada, de mal humor y lo pagan los que más quiero. Y si lo sé ¿Por qué no cambio? Supongo que hay cosas que llevamos muy dentro, grabadas en nuestro cerebro, y aunque a veces intentemos modificar…el impulso ahí queda.

El día que caí, empecé a encontrarme mal por la mañana, pero preferí no escuchar a mi cuerpo y seguir con el ritmo de siempre. Por la tarde, recogí a mis peques, y aunque no me apetecía nada, los llevé al parque. No paraba de mirar el reloj, deseaba ir a casa, pero estaban disfrutando tanto los niños que aguanté. Por fin se hizo la hora, de camino a casa apareció mi marido, acababa de aparcar el coche y antes de subir a casa nos quiso dar la sorpresa. Lo vi y algo pasó en mi interior, empecé a temblar, me corrían escalofríos por el cuerpo. Es como si al verlo mi cuerpo dijera, AHORA PUEDES. Y empezó la avalancha de temblores, subida de fiebre, dolor muscular… y a la cama. 

Él tuvo que asumirlo todo, bañera, cenas, acostarlos… Yo entre sueños esperaba que me llamaran “Mamáaaaaaaaaa”, pero no, solo se oían risas y buen rollo. He de reconocer que yo estaba algo extrañada.



¿Y qué pasó? pues que aprendí que no soy imprescindible. Al día siguiente al levantarme fui a la cocina y me quedé impresionada, estaba todo limpio y ordenado. ¿Me tengo que poner enferma para que todo esté así? ¿Por qué cuando estoy bien no lo hace como me gusta?...eso lo tendremos que hablar.

Otra cosa que me impresionó es como los niños cambian su conducta cuando te ven mal. Los dos son muy absorbentes, me reclaman constantemente, pero los días que he estado pachucha han sabido respetar mi estado, han tirado más de papá, y a su manera me han cuidado y me han mimado mucho.

Conclusión: He de aprender a delegar, pedir ayuda cuando la necesite (mejor pedirla que estar de mal humor), y también aprender a no ser tan exigente y dejar que cada uno haga las cosas a su manera.

Y vosotras, ¿cómo lo lleváis? ¿Sabéis delegar o sólo me pasan a mi estas cosas?


Un abrazo